Espejito, espejito ¿quién es la más bella de todas?

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Opinion

En el mundo del desarrollo de producto y el diseño, solemos decir que contratamos a los mejores para que ellos nos digan qué hacer, y no al revés. Suena idílico, profesional y muy "Silicon Valley". Pero, bajando al barro del día a día, la realidad en muchas oficinas (físicas o remotas) es radicalmente distinta.

Existe un perfil de directivo que se ha vuelto experto en disfrazar el autoritarismo de diligencia. Se ven a sí mismos como líderes decididos, pero en realidad son dictadores con un barniz de modernidad que no soportan una verdad incómoda.

Este tipo de perfiles suelen tener algo en común: una desconexión total con la realidad técnica y operativa. Nunca se han enfrentado a un bug crítico un viernes a las siete de la tarde, ni han tenido que lidiar con la frustración de una interfaz que no convierte. No dominan las herramientas, ni les interesa.

Para ellos, la gestión es un ejercicio de control absoluto, no de facilitación. Su supuesta diligencia no es más que una excusa para microgestionar procesos que no entienden, basándose en intuiciones que elevan a la categoría de dogmas.

Lo más inverosímil, y doloroso para una organización, es que estos directivos invierten recursos en contratar a perfiles brillantes. Pero en el momento en que ese Product Manager, ese diseñador o ese lead técnico levanta la mano para decir "creo que nos estamos equivocando", el hechizo se rompe.

Cuando alguien les lleva la contraria con datos, con experiencia o con criterio profesional, estos perfiles no ven una oportunidad de mejora. Ven una afrenta personal.

En ese instante, el empleado brillante deja de ser un activo y se convierte en un "elemento incómodo". La excusa para deshacerse de ellos suele ser la misma: "no hay encaje cultural", pero la verdadera traducción es"no soporto que sepas más que yo".

El ciclo del ego: contrato talento para validar mi criterio; si el talento me cuestiona, el talento ya no me sirve.

Irónicamente, un verdadero líder sabe que su mayor éxito es hacerse innecesario. Construir un equipo tan sólido, autónomo y con tanto criterio que las decisiones fluyan sin su supervisión constante. El liderazgo en tecnología y producto debería medirse por la autonomía del equipo, no por la dependencia del jefe. Un directivo que no se interesa por las inquietudes de sus empleados y que silencia la disidencia está condenando a su empresa al estancismo.

Un buen líder digital:

  1. Escucha más de lo que habla.

  2. Valida sus hipótesis con el equipo técnico.

  3. Celebra que le lleven la contraria, porque eso significa que ha contratado a la gente adecuada.

El dictador disfrazado, en cambio, necesita sentirse el sol alrededor del cual orbitan todos los planetas. No se interesa por las aspiraciones de su equipo ni por sus problemas reales; solo le interesa la obediencia ciega bajo el pretexto de "remar todos en la misma dirección".

Así que…

Al final del día, una empresa donde no se puede cuestionar al de arriba es una empresa con fecha de caducidad. El ego es el mayor inhibidor de la innovación. Si te rodeas de gente inteligente para luego silenciarlos, no estás liderando; estás gestionando tu propia inseguridad a costa del presupuesto de la compañía.

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© 2025 Carlos López. All Rights reserved.

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